viernes, 20 de febrero de 2015

Consejos para la Cuaresma

Hemos comenzado la Cuaresma y no viene mal recordar que son días de ayuno y de hacer algún sacrificio más de los habituales y así prepararnos interiormente para la celebración de la Semana Santa.

Comparto en esta entrada 15 actos sencillos de caridad y 11 gestos concretos de ayuno entresacados de los consejos que el Papa Francisco ha ido dando en sus homilías y discursos.

Si todos intentamos este ayuno, seguramente nuestro día a día estará mucho más lleno de paz y alegría para compartir con los hermanos.

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15 actos de caridad 
 
1.  Sonreír, ¡un cristiano siempre es alegre!
2.  Dar las gracias (aunque no "debas" hacerlo).
3.  Recordarle a los demás cuanto los amas.
4.  Saludar con alegría a esas personas que ves a diario.
5.  Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor.
6.  Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita.
7.  Levantarle los ánimos a alguien.
8.  Celebrar las cualidades o éxitos de otro.
9.  Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita.
10. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse.
11. Corregir con amor, y no callar por miedo.
12. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti.
13. Limpiar lo que uso en casa.
14. Ayudar a los demás a superar obstáculos.
15. Llamar por teléfono a tus padres.

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11 gestos de ayuno

1.  Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas.
2.  Ayuna de descontentos y llénate de gratitud.
3.  Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia.
4.  Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo.
5.  Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios.
6.  Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida.
7.  Ayuna de presiones y llénate de oración.
8.  Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón.
9.  Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás.
10. Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación.
11. Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros. 


Taller de Oración 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Pinceladas del misterio de Jesús

Una meditación sobre el misterio de la encarnación de Jesús en ocho pinceladas breves.

Puede servir para reflexionar en un retiro del tiempo de Adviento y en general para acercar al conocimiento de Jesucristo. 

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Pinceladas del misterio de Jesús

1. Jesús es el Dios que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecemos (2Co 8, 9). No tenía dónde nacer ni dónde reclinar la cabeza (Mt 8, 20). Es una pobreza fruto del amor. Todo el que ama se hace pobre. Jesús bendice a los pobres, no la pobreza, que puede ser miseria y muerte.

2. Jesús es el Dios que, siendo grande, se empequeñece; siendo poderoso, se debilita; siendo apasionado, no se cansa de perdonar y esperar. Es manso y humilde de corazón (Mt 11, 29) Serán preferidos suyos los que se hagan como niños (Mc 10, 14- 16) Y su pueblo escogido será «pobre y humilde» (So 3, 12)

3. Jesús es el Dios que, siendo la fuente de la dicha, quiso bajar a este mundo y quiso llorar nuestras lágrimas (Jn 11, 35), para enjugarlas todas. No vino para hacemos llorar, sino para aliviar nuestro llanto. También las lágrimas son fruto del amor y la ternura, no de la debilidad.

4. Jesús es el Dios que, siendo la plenitud, se manifiesta insatisfecho, con deseos ardientes, con hambre y con sed, hijos asimismo del amor. Cuando pedía de beber es porque tenía sed de nuestra sed. Tenía hambre de justicia, la de Dios, de santidad y amor. Ése era el fuego que tanto deseaba que prendiera en la tierra (Lc 13, 49) Y con qué fuerza deseaba proteger a los polluelos y defender a su ciudad (Lc 13, 34; 19, 41-42)

5. Jesús es el Dios que, siendo «impasible», quiso ser apasionado, y sufrir la pasión humana. Por eso era com-pasivo y misericordioso. Esto no era un adjetivo, era un nominativo, una definición. Jesús no es misericordioso, es misericordia. Dicho de otro modo: es amor. Por eso no hacía falta repetirle: Jesús, ten misericordia ... ¿Cómo no la va a tener, si lo es? Si no tuviera misericordia se destruiría a sí mismo. «Misericordia quiero, no sacrificios» (Mt 9, 13)

6. Jesús es el Dios de la gloria, el que nadie podía ver, pero quiso manifestarse haciéndose de nuestra carne. En su faz dejaba transparentar la gloria divina (2Co 4, 6) Él era pura transparencia, corazón sin engaño, puro cristal, por eso no sólo veía al Padre, sino que lo transparentaba. «Quien me ve a mí ve al Padre» (Jn 14, 9)

7. Jesús es el Dios de la comunidad y comunión, y quiso instalarse en este mundo de división y discordia. Vino con la paz en sus manos, no para matar a los violentos, sino a la violencia. Para ello no sólo nos dio la paz, sino que se hizo Paz, amor que perdona y abraza (Ef 2, 14-16)

8. Jesús es el Dios inalcanzable, al que ninguna ofensa o flecha podía llegar, pero quiso ponerse a nuestro alcance, hasta el punto de padecer persecución ( Mc 8, 31). Por ser la Luz las tinieblas le hicieron la guerra. Por ser justo y santo, los malvados quisieron terminar con él, víctima inocente de todos los verdugos. Por ser la Verdad, tuvo que sufrir los ataques de los padres de la mentira.